Archivos en ‘Josep Oliver’.

Ajuste de cuentas

12

04 2012

Josep Oliver. Son cosas que pasan. Si hace unos días leíamos la noticia de que el PP retiraba el nombre de Rafael Alberti de un teatro municipal en una localidad de Almería, al parecer porque el nombre «no vendía» (aunque Aznar, en su inauguración, se deshiciera en halagos hacia el poeta de la generación del 27), ayer nos enterábamos de que en un pueblo de Ávila, también gobernado por el partido de Mariano Rajoy, se le va a dedicar una calle al canal de ultraderecha Intereconomía «por sus valores en defensa de la familia y sus valores nacionales». Son dos gotas dentro del vaso de la crisis que no colman un vaso que ya hace tiempo que desborda. Es discutible, imagino yo, que estas medidas tengan que ver con la crisis o persigan un propósito ahorrativo. Más bien, me temo, son ajustes de cuentas, pero de otro tipo. Del tipo en que alguien aprovecha para su mayoría absoluta para hacer y deshacer sin importar el qué o el quién. Del tipo en que se habla de centralizar servicios cuando podría legislarse contra la grave especulación bursátil que hace que unos pocos estén matando a muchos millones. Cuidado con estos ajustes de cuentas.

El fin de los muertos

02

04 2012

Josep Oliver. Es muy sintomático que el género de zombies, que gozaba de cierta fama desde 1968, cuando se estrenó la seminal Noche de los muertos vivientes, haya tenido un espectacular remonte en el número de producciones filmadas desde 2001. Nada menos que 433 recuenta wikipedia. Me parece algo muy indicativo. El apocalipsis zombie, visto por la mentalidad norteamericana, es una manifestación física de la angustia por una serie de amenazas, que en un mundo como el actual, pueden traducirse en el miedo a un conflicto nuclear, al terrorismo indiscriminado, al síndrome del enemigo en casa, entre muchos otros factores. Una de las ficciones relacionadas con esto, y que acaba de terminar su segunda temporada, es The Walking Dead. A pesar de ser más descafeinada en cuanto a acción se refiere, vale la pena verla para estudiar su mensaje implícito. La serie ha discutido temas como la legitimidad de la violencia, la pena de muerte, la democracia y el autoritarismo, la seguridad y la pérdida de libertades, y toda una serie de valores sociales que parecían férreamente establecidos en la sociedad occidental y que con la caída de las Torres Gemelas ahora se ponen de nuevo en cuestión. No está mal para ser sólo una serie.

Sí, telebasura

22

03 2012

Josep Oliver. Ayer, mi compañero de columna Nacho se preguntaba por la naturaleza de lo que los críticos se empeñan en denominar «telebasura», y aventuraba, a mí entender, que las razones para usar esta denominación eran más personales que objetivas. Intentaré explicar por qué creo que sí es adecuado este término. La televisión, como medio de comunicación de masas, además de sus principales funciones (informar y entretener), tiene otras, quizá menos evidentes, pero igual de importantes. Una de ellas es que transmite determinados modelos de conducta e incluso ideologías. Según ha estudiado Klapper, por ejemplo, el bajo nivel cultural y los gustos mediocres que transmite la mayoría de los programas infantiles suponen una degradación de los gustos de sus espectadores, que se proyecta luego en su vida adulta. Pero no es sólo eso: los espacios que fomentan el consumismo exacerbado, la superficialidad de las relaciones interpersonales, que niegan la cultura del esfuerzo y el sacrificio, que atomizan toda clase de información poniéndola toda al mismo nivel, ocasionan un perjuicio al espectador, porque éste, quiera o no, asimila el mensaje de fondo. A eso llamo yo «telebasura». Sí, claro que de tanto en cuanto apetece la comida basura, pero… ¿siempre?

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La perspectiva del tiempo

15

03 2012

Josep Oliver. ¿Saben eso de que uno está muy pendiente de algo, por tonto que sea, hasta casi el punto de la obsesión? En nuestra egolatría, pensamos que todo el mundo hace lo mismo. Y, al dejarlo, nos ocurre lo contrario: nos sentimos fantásticamente sin esa carga que ocupa nuestro tiempo, y nos preguntamos por qué los demás lo hacen, o incluso más: que esa cosa va perdiendo importancia, no sólo para nosotros, sino para el resto del mundo. Eso es lo que me pasa con programas basura como Gran hermano, o Mujeres y hombres y viceversa, o cosas así. Cuando empezaron, los seguí con la avidez que provocan las novedades morbosas, pero al cabo del tiempo, cuando uno lo relativiza, se da cuenta de lo absurdo que resulta. Lo estúpidos que resultan los papanatas que discuten tonterías absurdas que no importan a nadie en Sálvame. Lo ridículo que es ver pasar el curso de los días de un grupo de bobos encerrados en una casa sin nada que hacer.
Cuando uno ve estos programas con la perspectiva que da el tiempo, se da cuenta de que uno le daba importancia, precisamente, a todo menos a lo que la tenía de verdad.

Los problemas crecen

08

03 2012

Josep Oliver. Esta semana las declaraciones de un ya talludito Kirk Cameron (Mike Seaver en Los problemas crecen) han sido la comidilla de los medios.
El actor, en una entrevista a la CNN, declaró que la homosexualidad era algo antinatural y destructivo para la Humanidad, e incluso vino a decir que si un hijo suyo le confesara esta inclinación, haría lo posible por hacerle cambiar. Ignoro a qué vino la entrevista a Kirk Cameron, puesto que desde que terminó la serie que le hizo famoso, el actor no ha tenido más que papeles de reparto o ha aparecido en películas de sobremesa. Si quería que nos acordáramos de él, lo ha conseguido. Luego se quejarán los personajes de derechas que su opinión es silenciada, y que manifestarla en público es hoy mal visto.
No creo que sea cuestión de censura ideológica, sino más bien de higiene mental. ¿Qué autoridad tiene este hombre, reliquia de los años 80, para decirnos en 2012 algo que no es que quiera hacer pasar como su opinión, sino como verdad incuestionable? Por una vez voy a ser malo y le voy a desear a Kirk Cameron que tenga un hijo homosexual, y que luego nos lo cuente.

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The Walking Dead

02

03 2012

Josep Oliver. Tras el parón de media temporada de Los muertos vivientes, la serie estrella del género zombie ha vuelto a arrancar en Fox y La Sexta. Nos quedan seis capítulos más para llegar al final de la temporada y esta entrega de capítulos ha sido recibida con disparidad de criterios entre el público. La mayoría de los que han criticado negativamente la temporada dicen que ésta adolece del gancho de la anterior. Que parece una telenovela, porque los protagonistas se han pasado seis episodios dentro de una granja ¡hablando!, en vez de estar a lo que tendrían que estar, es decir, reventando cráneos de no-muertos. Concedamos que la temporada haya empezado de forma reflexiva, sí. El conflicto exterior ha dado pie al interior: a la discusión filosófica, al enfrentamiento entre maneras de ver la vida. Hay personajes que no ven esperanza y no buscan más que la solución final, y los hay que, ante todo, piensan en luchar por un nuevo futuro. Independientemente de la cantidad de vísceras derramada, creo que será interesante concluir la temporada para poder dar un juicio justo a la deriva de esta segunda temporada de The Walking Dead. Hasta entonces, cuidado con las hordas de no-muertos.

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Black Books

23

02 2012

Josep Oliver. Mientras uno hace zapping, desesperado, cada noche, buscando algo decente ante lo que vegetar un rato antes de irse a dormir, a veces nos perdemos pequeñas joyitas de la televisión. En algunas ocasiones, la culpa es nuestra, puesto que nuestra voluntad es quebradiza, y a veces preferimos sentarnos ante algún bodrio para desconectar que no gastar nuestras menguadas fuerzas buscando algo que no sabemos si encontraremos. Pero, de igual forma, muchas veces son los canales de televisión los que nos defraudan. Escudándose en el tópico de que se programa «lo que la audiencia pide», muchos canales aprovechan para emitir programas de dudosa calidad y aún más bajo coste (como ése en el que un grupo de personas de dudosa formación se pasan cinco horas hablando de cosas que a nadie importan). Una de esas producciones que las teles nos escamotean es «Black books», una serie británica de Channel 4 y de uno de los creadores de «The IT Crowd» («Los informáticos»). Humor inglés, extravagante, e inteligente, que se desarrolla en el contexto de una librería de segunda mano con unos personajes a cual más chiflado. ¿Cuándo la podremos ver en nuestro país de una forma digna?

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El gran guiñol

16

02 2012

Josep Oliver. Menudo revuelo han montado los franceses de Canal + con sus muñecos de guiñol parodiando a los deportistas españoles. Incluso Rajoy o el Rey han tenido que pronunciarse al respecto, mientras el suceso ocasionaba una crisis diplomática. No se rían: el tema derramó hectolitros de tinta digital en las redes sociales, con comentarios de todo tipo en Twitter, que para estas cosas de lo inmediato siempre es lo mejor. Ayer mismo aún coleaba como tema nacional destacado la retirada de los anuncios de la marca de gafas Afflelou del canal digital francés. Personalmente, a mí me causa cierto estupor toda la polémica que los guiñoles han levantado. No si ustedes recuerdan que aquí, durante años, también se emitieron (precisamente en el Canal + nacional), y que también fueron especialmente ácidos, faltones e irreverentes. Recuerdo con especial cariño una escena en la que el muñeco de Aznar se daba un apasionado beso de tornillo con el de Bush, a propósito de la gloriosa reunión de las Azores. Y, como esa, muchas otras gamberradas que no dejaban -valga la metáfora- títere con cabeza. Pero, claro, una cosa es reirnos de nosotros mismos y otra que lo haga el cabrón del vecino, ¿verdad?

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No pongamos tantas malas noticias

02

02 2012

Josep Oliver. Hace cosa de un mes, Antena 3 empezó una campaña publicitaria basada en el optimismo (no en el positivismo, claro: eso es otra cosa muy diferente. No hagan como mis alumnos de Secundaria y se confundan). Seguro que la recordarán, decía algo así como «Pongamos que salimos de ésta. Pongamos que lo peor ya pasó… Pongamos que sólo hay buenas noticias», etc. En esa promo, salen muchos de los presentadores de la cadena, sonriendo, pasándolo bien, como prometiéndonos que todo irá a mejor, que no hace falta preocuparse más porque el fin de la crisis está cerca. Pero, ¡ay!, qué difícil resulta eso, cuando, día sí y día también, el pobre Matías Prats tiene que abrir su noticiario con el número creciente de parados, las empresas que cierran, las compañías que dejan a sus pasajeros en el aire, noticias a cada cuál peor. Así no hay derecho, Matías: la realidad no te deja ser optimista; cuánto más habíamos pensado que todo iba a ir bien, peores noticias nos asaltan. Es difícil ser positivo con este panorama y sin faltar a la verdad. Yo he optado por una técnica quizá un poco más cobarde pero sin duda efectiva:dejar de ver las noticias.

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No entiendo nada

27

01 2012

Josep Oliver. Como filólogo, una de las cosas que me enervan es que todo el mundo puede opinar sobre asuntos de lengua, pontificar, y quedar a la misma altura que los expertos. Lo vemos cuando hay alguna polémica y los contertulios de la tele se disponen a hablar del tema con la misma naturalidad con la que lo hacen de política internacional, economía sumergida o el nuevo tinte de pelo de Victoria Beckham. Por eso cuando los políticos se apropian del discurso lingüístico aún me enervo más. Hace unos meses, en la campaña de elecciones locales, un político de nuestras Islas aseguró que iba a defender el uso del mallorquín, el menorquín, el ibicenco y el formenterense. Sí, una cosa extraña lo sé, pero bueno. Ahora que el partido de este político está en el poder, un buen día me encuentro con que las películas de IB3 están en castellano. Y me encuentro con que los dibujos animados de las mañanas del fin de semana están en inglés. Al principio pensé que era un error, que quizá alguien despistado en el control había puesto la cadena de audio que no tocaba. Pero no: aquello era intencionado. Curiosa forma de proteger nuestra cultura.

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