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Los cazatesoros

21

03 2014

Alfons Martí. Si hay una serie actual que suma la cualidad de original a las de realista e interesante, esa es Los cazatesoros, en Xplora. Dos personajes con verbo directo e irónico se pasean por la vasta geografía estadounidense, estilo road movie, para visitar granjas de gente que quiere vender objetos antiguos. Wolf y Fitz, en efecto, son detectives-historiadores y cuando se meten en una granja para desempolvar viejos tesoros son capaces de hallar desde viejos surtidores de gasolina –verdaderas golosinas para anticuarios–, latas de hace medio siglo o un viejo coche de la marca que pasó de fabricar carruajes de caballos a automóviles.
Es interesante, pues nos permite regresar a apreciar las cosas por su valor intemporal y no por su consumo y destrucción inmediata. Además, el humor y la chispa innegable de los dos protagonistas elevan el nivel del programa. No les falta imaginación: «Somos fanáticos de los deshechos» o «Encontraremos el Santo Grial de los desperdicios» son un tipo de frases que se repite con frecuencia. Juntos podrían montar un museo repleto de vida y atractivo y su discurso lleno de humor no desentonaría junto a un Ben Stiller o similar.

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Los cazatesoros

12

01 2012

Josep Oliver. La semana pasada les hablaba de uno de mis nuevos programas favoritos, la serie documental La vida sin nosotros. La verdad es que a veces es una suerte tener algunos canales de pago más, porque, cambiando la famosa frase de Larra, ver la tele en España es llorar. Los canales abiertos apenas dejan un recoveco a la inteligencia del lector, que tiene que migrar a quién sabe qué prados más verdes para su solaz. Otro de los programas que me ha sorprendido agradablemente en Canal Historia ha sido Los cazatesoros. Verán, mi abuelo paterno, l’amo en Pep Pinero, fue un hombre que vivió de lleno la posguerra, y como muchos de su generación, aprovechaba todo lo que tenía. Es más, no tiraba nada que no pensara que pudiera aprovechar más tarde. A resultas de esto, he crecido rodeado de cachibaches, reliquias y trastos de todo tipo, de los que muchos de ellos crían polvo sin un propósito determinado. Por eso me gusta Los cazatesoros. Esa aventura por graneros atestados de cosas viejas, donde la pareja protagonista busca alguna pieza valiosa, me resulta simpática, familiar, cálida. La verdad, me hubiera gustado que estos dos se acecaran a casa de l’amo en Pep a ver qué encontraban.