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No es otro programa de cocina

08

02 2016

Urko Urbieta. Trepidante, ágil y muy original, por un lado; pero también un tanto egocéntrico y con cierta tendencia al manual barato de autoayuda. Así ha sido El xef, el ‘docureality’ que Cuatro terminó de emitir el domingo pasado tras 4 entregas, y que ha seguido durante dos años al conocido chef madrileño ‘Dabiz’ Muñoz.
Las promociones del espacio aseguraban que ‘no era otro programa más de cocina’. Y desde luego no nos han engañado. El xef no es un concurso culinario y, por supuesto, supera los tradicionales programas de recetas. Quiere ser algo más… y ahí el espectador puede entrar o no, si le interesa la avasalladora personalidad de este joven genio de la cocina, chef del famoso restaurante DiverXO de Madrid, entre otros.
Desde el punto de vista televisivo, el programa ha sido notable: ágil, trepidante y muy bien editado. Se notaba que había medios para producirlo y eso se ve en pantalla. Nada que objetar. Lo que en cierta manera me ha rechinado ha sido el uso de clichés y supuestas frases inteligentes: «La zona de confort me aburre», dice en repetidas ocasiones Muñoz. Esa tendencia a glorificarse me ha sacado de mis casillas en más de una ocasión. Aun así, y pagando ese peaje de exaltación del personaje, he disfrutado de sus platos, sus viajes y su forma de ver la cocina. Su visión del mundo me sobraba, pero nadie es perfecto…

Estrellas de la cocina

01

11 2013

Alfons Martí. El veterano Arguiñano es una institución televisiva. De los fogones al estrellato. Arguiñano aparece en tertulias sesudas o en intermedios de partidos de liga de fútbol. Y no faltan críticos que han denunciado el abuso culinario televisivo. De la cazuela a la sala vip de los famosos. Arguiñano no es el único que protagoniza series interminables de recetas y directrices culinarias. Cada canal con ambición busca fabricar una estrella de la panza y las audiencias responden, aunque cabe decir que están programados en horarios para adictos a la tv. El éxito que cosechan es infinitamente mayor que el de los bienintencionados cursos de inglés, con guionistas que nunca suelen triunfar y se supone que hay platos memorables cuya receta debe ser recordada y archivada en el cerebro. Es destacable la facilidad que tiene un plato para atraer miradas y fijar los sentidos sobre su humeante silueta, pese a que precisamente ese plato es inalcanzable por ser una ilusión y un espejismo. Pero tal vez sea eso lo que atrae a tanta gente, porque más allá de nombres raros de platos y el histrionismo de las estrellas del fogón, mirar algo inalcanzable y el masoquismo son corrientes.

Empachado en la cocina

04

09 2013

Guillermo Esteban. Alberto Chicote revolucionó la parrilla de la televisión con Pesadilla en la cocina. Los propietarios de los restaurantes a los que acudía el chef tenían pavor de las críticas, a su vez que les beneficiaba que alguien como él interviniera en su establecimiento. Aunque fuera para ponerlo a caldo perejil. Con MasterChef llegaron los aspirantes a cocineros que encandilaron, en su primera temporada, a más de 5,5 millones de espectadores con un 33,1 % de cuota de pantalla. El furor que causó provocó el nacimiento de su primer hijo, MasterChef Junior, es decir, lo mismo pero con niños. Se le atribuye el tópico de que cuando una fórmula funciona no hay que cambiarla. A lo mejor hubiera tenido más filón una segunda edición. Visto el provecho que sacan las cadenas aún tienen imaginario para inventarse otro programa del mismo estilo: Top Chef. La diferencia con respecto a los ya citados es que en este espacio que retransmitirá Antena 3, los concursantes ya son expertos, animales de cocina que ya han sido dueños de un restaurante. Con tanto ‘guisado’ televisivo espero que les aproveche, yo ya estoy empachado. Y a dieta.

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